Los buenos son pocos

Desde hace unos días, de forma casual he iniciado con unos amigos un debate sobre la labor que realizan los funcionarios en nuestro país; y como podréis imaginar es un tema bastante complejo y que crea división de opiniones.

Siempre he creído que la labor de un funcionario era la de facilitarnos las cosas, ya sea en sanidad, seguridad o administraciones públicas; aunque he de reconocer que en muchas ocasiones más que facilitármelas he sentido que me las complicaban mucho más.

“Maldita burocracia!” dicen algunos, pero yo me pregunto ¿qué pasaría si los funcionarios tuvieran la misma presión o exigencia de la empresa privada?  Probablemente las administraciones no serían tan complejas, ni el rendimiento del trabajador sería el mismo y mucho menos tendríamos la imagen actual del funcionariado.

Lo que es evidente, es que el ser humano por naturaleza se acomoda cuando tiene estabilidad, pero ¿realmente es justo que los puestos sean vitalicios? Seguramente, con esto que pienso no haga muchos amigos en el sector, pero creo que el Estado debe de funcionar como una empresa con sus empleados contratados y cuando estos no rinden como debieran, se les despidiera por no cumplir con lo establecido en su contrato.

Me cansa esta España de caciques, que hacen y deshacen por doquier; esta España de enchufismo que lo único que consigue es menospreciar a todo aquel que quiere ganarse la vida de una manera honesta.

Pero es verdad, que en todos lados cuecen habas y con algunos funcionarios eficientes he topado, competentes y realmente involucrados con su trabajo y labor, de las pocas veces en las que no he sentido que mis impuestos, pagados religiosamente, hayan sido en balde.

Lo malo de todo esto es que lo buenos, son pocos…

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Un pensamiento en “Los buenos son pocos

  1. Me parece que confundes funcionario con empleado público, porque el funcionario se ha sacado su plaza por oposición, a la que todo el mundo puede presentarse. Es posible que rindieran más si tuvieran la presión de la empresa privada, pero entonces deberían acceder igual que en la empresa privada, no por oposición. Con el personal laboral no pasa lo mismo, puesto que sí que entra como en la empresa privada, y suele ser el resquicio para el enchufismo.

    Y de todas formas, hay mucho tipo de funcionario. Están los que nos marean con mil papeles cada vez que queremos preguntar la hora, pero también están los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, los funcionarios de prisiones, los profesores, los médicos… que se han sacado su plaza.

    Está claro que no todos son buenos, pero también creo que hay más que funcionan que los que crían la fama. Si nos atienden bien no lo destacaremos, porque es su trabajo, pero si uno nos atiende mal, enseguida cargaremos contra todos los funcionarios.

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